lunes, 25 de junio de 2012

Piel de Providencia


Ruinas del olvido…

Seis kilómetros cuadrados yacen sobre el lago de Maracaibo, bordeada de manglares y llena de olvido. Recuerdos, historia y soledad son los únicos habitantes de la Isla de Providencia. Isla que albergó al leprocomio más grande de Venezuela por decreto del Libertador, Simón Bolívar, en 1.828. 

Seis millas entre Maracaibo y Providencia, un aislamiento forzoso que obligó a los enfermos de Hansen, Lepra, a convivir con otros, que también la padecían a causa del inminente rechazo social que giraba en torno a su piel. También llamada Isla del Lázaro por tratarse de una enfermedad bíblica, la enfermedad del pecado. Nombre que tuvo en 1.831 cuándo comenzó a tener  funcionamiento y a recibir a sus primeros cinco pacientes. Se conoce que en sus 154 años abrigó a cerca de mil mártires. 

El único acceso a Providencia era y es por vía lacustre, para la fecha existía una embarcación exclusiva llamada“El Bongo”; al llegar un enfermo desde regiones andinas éste pitaba fuerte desde el medio de las aguas del lago, anunciaba la llegada de un nuevo mártir. Los únicos propósitos de su cruel lejanía era evitar el contacto con los sanos, el rechazo incontrolable y la propagación de la Lepra por todo el territorio.

Dentro de Providencia cada enfermo lejos de sentirse preso hizo de ella una comunidad, una ciudad.  Las rentas que se devengaban del Puerto de la Vela de Coro, tal como lo estableció el Libertador, daban abasto para el sustento económico de los enfermos. Tanto, que dentro de la isla aún quedan restos de los que fue el cine, pabellones de hombres y mujeres, la casa de las enfermeras y grandes tanques de agua. Pero en verdad, existió mucho más de lo que estas pieles nos dejan ver. Cabe destacar, que para 1.951 sobre estas 47 hectáreas se construyeron alrededor de 70 casas para los enfermos que convivían con sus parejas, también víctimas de la enfermedad. Edificaciones con cerca de 20 habitaciones, una cárcel, dos iglesias; una católica y otra protestante, de las cuales ya no queda rastro. 

Providencia fue su refugio, su trabajo. Y muy a pesar de que el gobierno les daba una pensión y absolutamente todo lo que ellos necesitaban dentro de la isla, no les gustaba ser unos mantenidos. En la isla había sembradíos, cultivados por los mismos enfermos, vendidos  a quienes iban a la isla a surtirles de carnes, pollos, legumbres y sobre todo de agua; dos veces por semana.

Lo más característico de los 154 años de esta Providencia fue que el miedo al contagio de la enfermedad hizo circular dentro de ella una moneda únicamente para los enfermos. La primera “Cascoja” como le llamaban a los cobres negros, circuló en 1.916 bajo el nombre de “Leproserías de Venezuela”. Y, en 1.939 con el nombre de “Leproserías Nacionales, Isla de Providencia”. 

Hoy en día parece que la enfermedad cayó sobre nuestra poliglota Providencia; su tierra y sus edificaciones personifican la Lepra en las cientos de grietas que en ella se dejan ver. El leprocomio dejó su funcionamiento sobre las aguas después del descubrimiento de la cura por parte del venezolano Jacinto Convit en 1.983.

La construcción del nuevo hospital Cecilia Pimentel en tierra firme y el desalojo de Providencia el 20 de agosto de 1.985 fue para muchos de los pacientes del leprosario un golpe bajo. Ya nada sería igual. No habría tardes de juegos, ni de cine. Los domingos ya no sería para compartir en la cena, no cocinarían juntos. No tendrían acceso a nada más que estar acostados. 

La isla fue su hogar, más que un hospital donde solo vivían los de su misma condición y pese a que el ingreso de sus familiares sanos era restringido, en Providencia habían formado una familia, una hermandad. Preferían morir antes de volver a la soledad social. 

Cientos de los restos reposan en “La garita”, cementerio con vista al este y ubicado al norte del triangulo irregular que forma Providencia en el lago, tapeado totalmente por el huésped más inminente, el monte.
Providencia más que un simple leprocomio es una joya histórica y colonial. A sus 26 años de abandono ha sido víctima de piratas y profanadores que han destruido todo cuanto han podido en busca de lo que ellos creen, tesoros escondidos. Proyectos de restauración se plantearon en torno a su magnífica ubicación y majestuosa arquitectura, pero lamentablemente el olvido y la falta de recursos para salvarla tal parece que no tiene cura.



Fachada del antiguo Cine






Decreto del Libertador










                       

2 comentarios:

Andy Wong dijo...

excelente material pierina!!!tuve la oportunidad de visitar la isla el mes de mayo!!me pareció muy importante todo el material que recabaste y publicaste ya que varias personas al igual que yo queríamos saber mas al respecto de la isla de providencia!!!saludos desde el municipio San Francisco....

Pierina Bravo dijo...

Gracias por leer mis humildes lineas. Me habría encantado por llegar más lejos en la isla, pero me fue imposible por no tener un equipo para ello. Hay mucha más historia inmersa en las ruinas de Providencia. Saludos, igual desde San Francisco.